martes, 23 de abril de 2013

VICTIMISMO ILUSTRADO (o como sentirse el bueno de la película en 3 sencillos pasos)

“Los judíos quieren monopolizar el victimismo del holocausto, cuando murieron 800000 Gitanos, 300000 discapacitados y 250000 homosexuales en los campos de concentración nazis” Esto fue lo que le oí decir el otro día al conocido activista Leo Bassi en una charla en un teatro de Madrid, donde, sintetizando y destilando al máximo, se vino a decir que el victimismo era un preciado recurso, más valioso que el oro, el cual los judíos y en concreto el estado de Israel estaban explotando en su provecho. Pero no voy a hablar de política ni ideologías, sino del alma humana, ya que éste fenómeno antinatural de utilizar el victimismo a favor también lo practicas tú. 

Vivimos en un mundo duro, una existencia complicada donde seguramente te pisotearan varias veces, descubrirás tu verdadera vocación demasiado tarde, verás escapar tus sueños y morirás al lado una mujer a la cual una vez creíste amar. Pero el instinto de supervivencia del ser humano ha encontrado una solución: el victimismo. Porque sentirse el bueno de la película hace olvidar que no has conseguido el trabajo de tu vida porque no te esforzaste lo suficiente, que no amas a tu novia porque ella no te ama a ti, que la culpa de tu fracaso no la tiene la sociedad... ni tus padres, que eres tú el que apesta y no el mundo que habitas. Pero si tú todavía eres uno de esos luchadores anacrónicos que prefiere cargarse sus responsabilidades a la espalda, aquí te doy unos sencillos pasos para convertirte en el bueno de la película, así que, a soltar lastre se ha dicho:



Errol Flynn, el bueno de la película que creéis ser.

1. Como ya hemos visto en las películas, para ser el bueno es imprescindible sufrir a manos de unos malos con más recursos y menos principios. Hasta aquí, la aventura de la víctima concuerda con las aventuras del fallecido Errol, con la excepción de que la víctima actual no gana... ni desea hacerlo; prefiere indignarse. Y es que no hay sentimiento más efectivo que la indignación, un sentimiento reservado para débiles y  perdedores, que viene a decir algo así como: "No me gusta que me estés dando por el culo, pero que sepas que sé que lo estás haciendo".

2. Ser el bueno de la película no solo requiere de ineptitudes, sino también de cierta creencia mística en alguna aptitud, como por ejemplo: creer saber valorar a las personas. De esta forma crees rodearte de la poca gente buena como tú: gente fuerte y noble que aguantáis las embestidas sin derrumbaros. Crees que siempre seréis amigos porque os une la lealtad, espantando así esa mosca detrás de la oreja que os susurra que os une la desdicha; cuando realmente lo que os une es la pura casualidad, incluso en algunos casos el rechazo... de los demás hacía vosotros, por supuesto. 

3. Por último, para hacer verosímil este autoengaño, es necesario el uso de ciertas excusas: “Se lo han dado todo hecho” "No he tenido oportunidades" “Ha tenido suerte” “Estaba en el lugar adecuado...” Es decir, clamar a los cuatro vientos que no triunfáis porque no tenéis fortuna, cuando en realidad no habéis triunfado por creer que no la tenéis... pero omitir este detalle, ya que ¿Quién quiere triunfar? ¡Con toda la presión que esto acarrea por dios!


Y aquí estoy yo, el más grotesco de los justicieros, perdiendo el tiempo con esta perorata a sabiendas que, aunque hayas entendido la ironía, no estás preocupado ni vas a experimentar cambio alguno. Porque un perdedor como tú, una vez descubre que lo es, hace todo lo posible por seguir siéndolo, ya que es mejor para tu autoestima creer que eso es lo que quieres ser antes que cambiar y tener que asimilar todo el tiempo perdido. Nadie quiere renacer, preferís agonizar.

Y es que hay un camino más fácil que ser sincero con uno mismo, puesto que hasta el más débil de los perdedores posee instinto de supervivencia, un instinto que convierte la debilidad en fortaleza y el fracaso en esa superioridad moral que nos ahorra cientos de Euros en psicólogos. Milagroso placebo el cual te hace olvidar que un día te arrastró la sociedad y ahora te arrastra el pensamiento en grupo, que la cobardía y la falta de personalidad te llevó a no pensar por ti mismo, a tomar el camino fácil para después poder compadecerte, a culpar a otros de tus errores y de esta forma no poder solucionarlos nunca, a conformarte con sobrevivir, a burlarte del héroe y temer al loco... a morir día a día sin sufrimiento y no creer en las artes necrománticas.



¡Qué dulce es la indignación! Que se lo digan a James Steward.

Porque tus sueños y ambiciones también son una farsa, igual que los sueños y ambiciones de un borracho que volverán a ser ahogados en vodka. Y es que la superioridad moral es una droga tan poderosa, que una vez te ha creado dependencia todo lo demás no importa, ni la igualdad ni la justicia. Así, en un mundo sano y justo, seguirás siendo la víctima que no ha sabido afrontar sus luchas personales. Porque en un mundo justo, los yonkis de la superioridad moral os inventaréis síntomas y enemigos para sentir la agradable sensación que el victimismo obra en vuestra sangre, en vuestra alma y amor propio. Porque ser los buenos de la película se ha convertido en vuestra mayor preferencia sacrificando todo lo demás.

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